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Mercè Casals Martínez es graduada en Gestión de la Empresa y máster en Responsabilidad Social Corporativa. Ejerce como consultora en RSC para empresas y organizaciones públicas y privadas. También forma parte del proyecto “Edificios positivos” y de la cooperativa sin ánimo de lucro que lo lleva a cabo, TSC TERRITORI SOCIALMENT RESPONSABLE. Ha sido también concejal de vecindad, de salud, de bienestar y de cultura de Sant Fruitós de Bages (Barcelona).

¿Qué relación tienes con el ODS 11: Ciudades y comunidades sostenibles?

Se calcula que a mediados del siglo XXI la población mundial se incrementará en 2.000 millones de personas y el 70% de la población mundial vivirá en las ciudades. Por eso, desde la iniciativa “Edificios Positivos”, queremos abordar ese gran reto que supone tener que hacer frente a los grandes cambios que ya  se están produciendo y que vendrán en un futuro muy próximo. Las ciudades deberán transformarse para poder absorber ese crecimiento de forma inclusiva y sostenible; desde “Edificios Positivos”, trabajamos para empoderar a la ciudadanía de forma que sea capaz de liderar esa transformación.

¿Qué peligros existen en las ciudades, tal como las conocemos hasta ahora?

Los peligros de las ciudades actuales son muchos, pero pienso que todos tienen el mismo origen: la deshumanización. Aceptamos como hecho normal no conocer a las personas que viven en nuestra escalera, no hablamos con ellas, no interaccionamos, no nos comunicamos. De esta manera no es posible tener una buena convivencia ni afrontar los problemas de forma positiva. Desde “Edificios Positivos”, ayudamos a  las personas a sentirse legitimadas para transformar los espacios donde vivimos, nuestro edificio, nuestro barrio, nuestra ciudad… Pensamos que es una buena manera de afrontar los cambios sociales y culturales que la ciudadanía debe hacer y queremos que la gente lo pueda vivir de una forma positiva.

En tu opinión, ¿cuáles son las principales ventajas de una ciudad sostenible?

El Objetivo número 11 nos interpela y nos pide que, además de ser sostenibles, las ciudades y los asentamientos humanos sean también inclusivos, seguros y resilientes. Vivir en una ciudad sostenible, inclusiva,segura y resiliente querría decir que las desigualdades entre las personas se habrían reducido, que todo el mundo tendría acceso a una vivienda digna, la ciudad tendría unas infraestructuras adecuadas para tener una movilidad pública limpia y bien conectada y los edificios estarían llenos de plantas (bosque vertical) que limpiarían el aire que respiramos, serían autosuficientes energéticamente hablando y emitirían 0 emisiones. Serían ciudades seguras, preparadas para los desastres atmosféricos y nadie moriría solo y abandonado… Así pues, las ventajas de vivir en una ciudad sostenible serían interminables.

¿Es un objetivo alcanzable?

Debe serlo y creo que lo será, pero en un futuro mucho más lejano de lo que sería deseable. Creo en las personas y en su capacidad y fuerza de transformación y estoy convencida de que entre todos y todas seremos capaces de reconducir esta situación, porque… no hay plan B, no tenemos Planeta B. La ganadora del Premio Goldman Prize 1997, Terry Swearingen, ya afirmaba que “Vivimos en la Tierra como si tuviésemos otra a la que pudiésemos ir”. Esta es la actitud que hemos tenido hasta ahora y es la actitud que hay que cambiar. Lo ejemplifica muy bien Janez Potocnik, comisario europeo de Medio Ambiente, con su provocadora frase: “Si crees que laeconomía es más importante que el medioambiente, intenta aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero”.

¿Qué hace al respecto la entidad con la que tú colaboras?

“Edificios Positivos” trabaja para concienciar a las personas de la necesidad de hacer estos cambios necesarios en la sociedad y las empodera para que se sientan  capaces de llevarlos a cabo. Buscamos personas con inquietudes diversas: sociales, medioambientales, culturales…, en definitiva, gente activista, con ganas de cambiar las cosas para hacerlas un poco mejor. Llegamos a la ciudadanía, principalmente, a través de las empresas, aquellas que se sienten comprometidas con su territorio, que quieren aportar un plus a las personas que trabajan para ellas y que les quieren transmitir los valores que promueven los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Organizamos unos talleres para los trabajadores, en los que tratamos todos estos aspectos relacionados con el lugar donde vive cada uno y vinculados con los ODS, hacemos propuestas y buscamos soluciones conjuntas para mejorar nuestro entorno y el día a día. De esta manera la empresa está contribuyendo a la consecución de los ODS, no sólo desde la propia actividad empresarial, sino también desde le actividad particular de cada una de las personas que forman parte de la misma. Por eso, las empresas que realizan estos talleres para su personal dan un mensaje muy potente de autenticidad respecto a su compromiso, porque aplican estos criterios, no sólo en la actividad de la empresa, sino también en sus vidas privadas.

¿Qué pueden hacer las instituciones, las empresas o la ciudadanía para lograr el Objetivo?

Este Objetivo número 11 y el resto de los ODS son cosa de todos y todas. No vale con mirar de refilón para ver qué hacen los otros, sino que hay que actuar de forma global y conjunta.

Las instituciones deben garantizar los servicios básicos e infraestructuras contando con una planificación urbanística que sea inclusiva y sostenible y, por supuesto, también deben promover acciones de sensibilización y de incentivación  a  la  ciudadanía,  promoviendo los retos y con ayudas económicas, si es necesario, para lograr el Objetivo número 11.

Las empresas tienen también un papel clave, ya que su actividad genera grandes impactos en la sociedad y en el planeta. De su actitud dependerá si esos impactos generados son positivos o negativos. Por suerte, cada vez más, las empresas toman conciencia de la importancia de sus acciones y de cómo pueden influir en la vida de las personas y adoptan los cambios necesarios para que sus efectos sean positivos.

Y la ciudadanía en general, al fin y al cabo, somos todas las personas que formamos parte también de las instituciones y de las empresas. De una forma u otra influimos en todo lo que pasa, cuando escogemos a las personas que nos van a gobernar, cuando decidimos trabajar para una empresa que adopta criterios de responsabilidad social y está comprometida con el territorio, cuando vamos a comprar a la tienda de proximidad, cuando escogemos productos sostenibles, cuando contratamos una compañía que genera la energía de forma 100% renovable, cuando decidimos dejar el coche y utilizar el transporte público, cuando compartimos, cuando ayudamos a nuestros vecinos…

La ciudadanía, a título individual, pero también a través de las instituciones y de las empresas, es quien tiene el poder y la clave para cambiar todo lo que debemos mejorar.

Entrevista publicada en la revista OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE de Auren, núm. 12, Marzo de 2020

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