Edificis Positius | En la ciudad del futuro volverás a pedir sal a tu vecino

 

La falta de suelo edificable hará que las urbes crezcan en altura: los servicios serán compartidos y la cohesión social será clave para avanzar hacia la sostenibilidad

Ante la escasez de suelo edificable, el futuro del urbanismo apunta al crecimiento vertical de las ciudades. Es decir, las urbes ya no podrán aumentar en extensión y tendrán que hacerlo en altura. Un modelo que implica que los servicios serán compartidos y la comunidad de vecinos será clave para generar la cohesión social necesaria para llevar a cabo ese proceso de transformación hacia la sostenibilidad y la economía circular.

Con esa idea nace Edificios Positivos. Una iniciativa que ha impulsado la cooperativa sin ánimo de lucro Territori Socialment Responsable (TSR). “En el futuro, los edificios no tendrán nada que ver con los que hay hoy en día. Pasarán de administrarse a liderarse. Serán pequeñas empresas que tendrán que crear su propia energía y dar respuestas a retos de convivencia que, si no se abordan de forma positiva, cada vez serán más graves”, explica a Crónica Global su impulsor, Josep Maria Canyelles.

Vista área de Barcelona / Crónica Global

Vista área de Barcelona / Crónica Global

Positividad en la vida urbana

La realidad demuestra que, en una gran ciudad, la gente ya no se conoce. Lo mismo sucede en los edificios: unos entran, otros salen, algunos teletrabajan, otros solo vuelven a casa para dormir, y aún quedan los que se destinan en exclusiva al uso turístico. Pero en las urbes del futuro habrá lavadoras y coches compartidos, domótica; en definitiva, nuevas formas de vida que empujan a repensar también el modelo de sociedad. “Los avances modificarán la manera en que formamos parte de las ciudades, repensar el modelo no puede quedar solo en manos de arquitectos, instituciones o empresas. Por eso pensamos que debíamos crear comunidades en las que las personas puedan vivir de forma positiva, y eso debe nacer de la propia gente. Introducir el valor de positividad en la vida urbana para poder abordar los retos de futuro”, señala Canyelles.

Pone como ejemplo asumir una derrama en una comunidad. “Si la gente no se conoce, todo acaba siendo desconfianza. Si hay algún problema con el ruido en el edificio, acaban llamando a la policía sin saber qué pasa, cuando la mayoría de veces lo podríamos solucionar nosotros mismos, como ciudadanos maduros, capaces de generar espacios de convivencia”. Y esta es la intención, generar unidades de convivencia físicas, y que éstas a su vez puedan generar espacios de bienestar.

Cohesión social

¿Por qué se han perdido estos espacios de convivencia? “Es la vida urbana que conlleva un cambio de valores. Hoy en día tienes la sensación de que no hace falta conocer a la gente con la que compartes edificio, hasta puede parecer una intromisión en su intimidad”, advierte el presidente de la cooperativa TSR. El problema resulta evidente: “a veces muere una persona mayor que vive sola y no la encuentran hasta que pasan los días.  Y hay que pensar la sociedad que queremos, ésta u otra. No es una cuestión de romanticismo, sino de hacer frente a un reto importantísimo: no solo para recuperar lo que teníamos hace 50 años, sino pensando en los retos que llegarán. Tanto tecnológicos como de convivencia”, y advierte: “Las ciudades están perdiendo cohesión social”. 

Aún hay más. Pese a que en España tener una vivienda en propiedad es lo más habitual, la tendencia ya ha comenzando a invertirse frente al régimen de alquiler y así seguirá en los próximos años. ¿El riesgo? “No sientes ese espacio como tu casa porque sabes que algún día te irás, por lo que tampoco te preocupas por conocer a los personas”, explica. Tampoco ayuda la movilidad laboral, por eso sería más fácil “pensar estrategias de integración rápida, para saber cómo funciona una comunidad en la que existan espacios de participación, en los que se pueda opinar y apoyarse en otras personas”.

Escalera de un edificio vista des del último piso / PX

Escalera de un edificio vista des del último piso / PX

Proyecto piloto en Cataluña

Edificios Positivos es de momento un proyecto piloto en Cataluña, que estará disponible más adelante en otras ciudades. Sònia Lozano es la encargada de presentar la iniciativa a las comunidades de vecinos que muestren interés, “y después cada edificio desarrolla su proyecto”, cuenta.  Uno de ellos se encuentran en Manresa donde, tras mantener una primera reunión, sus inquilinos ya han puesto en marcha un aparcamiento de motos en un viejo trastero de uso compartido. También han creado un chat conjunto para estar en contacto.

¿Si mi comunidad quiere tener un edificio positivo, cuál es el punto de partida? “Los valores, la sostenibilidad, la economía circular, la cooperación, el bien común. Desde el banco del tiempo, hasta compartir un coche eléctrico, la posibilidad de instalar placas solares, hacer compra colectiva conjunta para evitar hacerlo de manera individual. Son ejemplos que ya se llevan a cabo en otros países, y creemos que aquí también se pueden implementar”, cuenta Lozano.

¿Escepticimo?

¿Cuál es la acogida? “En el caso de Manresa comenzó de manera escéptica, sí que es verdad que a la presidenta le encantaba el proyecto y se notó mucho, pero después de mantener una conversación, te das cuenta de que el escepticismo viene por algo. Y es que había un vecino que contó que, cuando él llegó a la comunidad, se encargaba de todo y fue entonces, tras verbalizarlo, cuando el resto de propietarios se comprometió a hacer las cosas de manera conjunta. También es una manera de poner sobre la mesa temas que no habían salido”, subraya. Para ello el primer paso es la comunicación.

Otro ejemplo puede ser comenzar con un bookcrossing; un punto de intercambio de libros en una zona común del edificio. “A parte de tener un valor cultural, crea oportunidades para que la gente entable conversación”, subraya Canyelles y evitar que “cuando dos personas ven que van a coincidir en el ascensor, una de ellas, para no tener que hablar, se acerque el buzón a fingir que ha recibido una carta”, señala. Por tanto, se trata de “generar espacios para que sucedan cosas positivas”.

Ciudad inclusiva

“Si queremos avanzar hacia el concepto de derecho de ciudad, inclusiva y resiliente, debemos ejercer el deber de ciudadano y de ciudadanía, y eso también quiere decir ser vecinos positivos”, recuerda. La intención es dar un paso atrás antes de dar el salto hacia la ciudad del futuro. ¿Recuerdan cuando era lo más habitual pedir sal al vecino? ¿Saben ahora quien vive tras la puerta del piso de al lado?

El edificio Walden en Sant Just Desvern / WIKIPEDIA

El edificio Walden en Sant Just Desvern / WIKIPEDIA

“Cada vez habrá más gente en las ciudades y éstas no podrán crecer en extensión, tendrán que hacerlo en altura. Las vivienda serán más pequeñas y habrá servicios y espacios compartidos”, relata el impuslor de este proyecto. ¿Utopía? Algo similar fue lo que imaginó el arquitecto Ricardo Bofillcuando construyó el edificio Walden 7 en Sant Just Desvern. Un espacio con el que pretendía que las viviendas de los trabajadores se asemejasen a una pequeña ciudad, potenciando las relaciones sociales entre sus inquilinos. Para ello creó una ciudad vertical no solo con viviendas sino también con espacios comerciales y zonas comunes, como patios con fuentes y vegetación para dotar de vida a todo el edificio.

“Tenemos que repensar la manera en que vivimos en las ciudades, la forma en que nos socializamos, y en una mentalidad de cambio de valores. Se trata de implicar a la gente y hacer que participe en este cambio”, señala Canyelles. Un cambio que puede comenzar con algo tan sencillo como volver a pedir sal al vecino.

Artículo escrito por Elena Burés y publicado originalmente en Crónica Global.

 

 

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